En la despedida

Ya he escrito sobre las despedidas. Sobre esos momentos cuando el corazón parpadea por la separación de lo conocido y el viaje a lo desconocido. Cuando con los sueños en las maletas saludamos el pasado, en la línea que separa el final y un nuevo comienzo. Vuelvo a este tema porque hace poco he experimentado un adiós más hermoso. Unas cuantas chicas nos despedimos una juventud a la madurez, una amiga a través de tres fronteras hasta el matrimonio. Había canciones y alegría, lágrimas incontrolables y fuertes abrazos. Pero la despedida no fue triste. Sentí cómo el río de la vida inevitablemente trae y lleva a la gente a mi vida, mientras que yo nado con confianza, y las despedidas me ayudan a mejorar la técnica de natación.

5Poco después leyendo la novela autobiográfica de Emir Kusturica “La muerte es un rumor no confirmado” me encontré con una escena que viví hace unos años. Su despedida de Sarajevo y familia y partida a los estudios de cine en Praga, inconfundiblemente me recordó a mi viaje a mis sueños de Madrid. La emoción de esa despedida sigue viviendo en mí, ligera y lejana. Os transmito este fragmento porque muestra muy bien todas las emociones que se mezclan en la despedida creando el único sentimiento de un nuevo comienzo.

El bolso de plástico que Senka (madre de Kusturica, N del T.) y yo metimos todo lo que necesitaba, se rompió mientras subía al vagón, así que a toda prisa lo atamos con una cuerda. De esa manera, la estación en la que antes, de niño, golpeaba a los dolientes viajeros en la cabeza mientras que los trenes partían, ahora era el lugar en el que este detalle con el bolso impedía que se desarrollara la emoción de la despedida. No hacía falta que apareciera otro niño y me castigara por lo que he hecho a los demás en mi infancia. Me paré en los escalones del vagón. El tren me sacudió, la composición arrancó, mi madre se puso a llorar. Me caí al culo, agarré el bolso y las cosas empezaron a desmoronarse puesto que la débil atadura cedió. Levanté una mano en el aire, para saludar a mis amigos, y con la otra desesperadamente agarraba los calzoncillos, calcetines y camisetas. Al final, con la cara pegada a la ropa recogida abandoné Sarajevo. Conforme el tren aumentaba la velocidad, de rodillas al lado del bolso, apenas logré saludarlos un par de veces más. En esa posición con la mirada buscaba a Maja (amor de colegio, y la esposa de Kusturica, N. del T.), esperando que todavía, que idiota, ella aparecería en la Estación Normal. Según Sarajevo se hacía más pequeño, la imagen de Maja se aumentaba.

Todos los derechos reservados © Sueños en maletas

Advertisements

Ostavite komentar, volela bih da čujem vaše mišljenje

Popunite detalje ispod ili pritisnite na ikonicu da biste se prijavili:

WordPress.com logo

Komentarišet koristeći svoj WordPress.com nalog. Odjavite se / Promeni )

Slika na Tviteru

Komentarišet koristeći svoj Twitter nalog. Odjavite se / Promeni )

Fejsbukova fotografija

Komentarišet koristeći svoj Facebook nalog. Odjavite se / Promeni )

Google+ photo

Komentarišet koristeći svoj Google+ nalog. Odjavite se / Promeni )

Povezivanje sa %s

%d bloggers like this: