¿Para qué sirven los souvenires?

De forma rápida y jadeante voy de calle a calle, miro los escaparates, monumentos y edificios tal como si seré capaz llevármelo todo en el recuerdo. Paso por las tiendas y compro baratijas, los regalos que llevaré a mis amigos en casa. Estoy emocionado como si estuviera agarrando de la vida, robando de la muerte. Llevo regalos para los demás, y voy lleno de alegría, como si por todos lados me estuvieran obsequiando con los objetos preciosos, acompañados de miradas y sonrisitas que valen mil veces más que los objetos. Paso por la ciudad desconocida como por una exuberante huerta ajena. Remiro, compro, pido perdón, doy las gracias. Y delante de mí está siempre determinada la hora y el minuto de mi partida.

Fragmento del cuento de Ivo Andrić, Jelena, la mujer que no existe

¿Tú también como el personaje de Andrić compras los souvenires justo antes de regresar a casa? ¿Tratas de llevar todo el viaje en la memoria? ¿Qué en el souvenir quepa por lo menos una parte de la estancia en un lugar desconocido? ¿Para qué de hecho sirven los souvenires? travel-fridge-magnet-collection-16008196Conozco a las personas que en los viajes compran solamente los alimentos locales y especias exóticas, las bebidas alcohólicas, o por lo menos consiguen la receta para alguna comida tradicional. Otros recogen las piedras, arena o cochas de las playas. Una viajera trotamundos compra los cuadernos. Los comunes, con líneas o sin ellas- no importa, lo importante es empezar de nuevo al llegar a casa. Cada vez más personas compran solo imanes, y el frigorífico se les convirtió en una vitrina para exponer los recuerdos de viajes.

Hace poco todos los souvenires que he recibido por varios años acabaron sus andanzas en una caja colorida. Ésta ya no es una caja ordinaria. Habla once lenguas, celebra dos Navidades y tres Años nuevos. ¡Cuántos recuerdos se mezclaron allí! ¿Qué podía obtener de España sino un abanico, de Rusia unas muñecas matrioskas, de Venecia una máscara de carnaval y una góndola pequeñita? Allí se han encontrado el álbum sin fotos de Isla de Zakynthos, la estatua de Afrodita de vacaciones veraniegas en la Isla de Cefalonia, una taza en forma de la Torre inclinada de Pizza… El suvenir con el mensaje más bonito me llegó de Irlanda. Worry Shamrock me dijo que “bendecida es la persona que está demasiado ocupada para preocuparse durante el día y demasiado soñolienta para preocuparse por la noche”.

Reconozco que aún no puedo resistir las tiendas de souvenires, pero al salir de cada una me decepciono por la patética turística. En cada ciudad casi los mismos souvenires: las camisetas, bolsas, tazas, llaveros… En Viena en cada uno “El Beso” de Climt, en Barcelona diseños de Gaudí, en Roma los angelitos de Rafael. Sin embargo, recuerdo una tienda de souvenires de Madrid por el vendedor, kamenjeun argentino grandote de mediana edad con gruesas arrugas entre ojos y frente, las que se hacen de recuerdos sobrantes. Tan pronto como los clientes cruzaban el umbral, él infaliblemente acertaba de qué parte del mundo llegaban. Su tienda era más pequeña que otras, o parecía más pequeña por sus anchos hombros. En una ocasión me contó cómo los años de vida en Madrid llevaron toda su ingenuidad, pero le enseñaron reconocer una persona buena en cuanto entre en la tienda, sin decir una sola palabra. Esa conversación con él todavía es mi suvenir de Madrid más valioso.

Me gusta llevarme a casa algo con lo que me acordaré de cada viaje, y regalar a mis personas queridas una parte pequeña de lo que experimenté. Lo única cosa que sin falta compro en cada viaje es el mapa de la ciudad donde estuve porque me ayudan a experimentarla de una manera diferente. Cuando la miro como una imagen en la escala, me parece que la entiendo mejor y que puedo “llevármela toda en el recuerdo”. En Grecia cerré todos los recuerdos en una pequeña botella de cipuro al llenarla con arena de una solitaria playa. No compré el mapa porque allí más bonito fue perderse.

Cada vez menos compro los souvenires porque son unas plantillas de recuerdos y ellos no se pueden reducir a un objeto producido en millones de copias. De hecho, los souvenires más valiosos son los que les damos valor nosotros mismos, como una alianza con el lugar donde estuvimos. Sean como sean, ellos sirven a nuestra necesidad de conservar los recuerdos, para dar sentido a los objetos que por lo general no tienen ningún valor práctico. Y cada uno habla de nuestra necesidad de llevar una pieza materializada de un nuevo viaje, de conservar lo bonito que hemos experimentado. La próxima vez, cuando estés dando las últimas monedas para los souvenires, pregúntate cuánto cuestan tus recuerdos.

Todos los derechos reservados © Sueños en maletas

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2 komentara

  1. Como española enamorada de Serbia y viajera te felicito por tu blog. ¡Me ha encantado! Y un acierto hacerlo en ambos idiomas para los que somos principiantes con el serbio. ¡Ánimo y a seguir con él!

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    1. ¡Muchísimas gracias por tus palabras! 🙂 Me alegra saber que haya hispanohablantes enamorados de mi país y que mi blog les sirve de ayuda para aprender el idioma. Estoy escribiendo con mucho entusiasmo y ganas de contar todo lo que los viajes significan para mi. Espero que también te gusten los próximos textos. 😉

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