¡Veni, Vidi, Vienna!

Me dirigí a Viena con una larga lista de lugares de interés turístico y una advertencia que en dos días es imposible ver ni siquiera lo que fue construido por Francisco José I. ¿Quién va a Viena por dos días? Pero yo voy por tres noches, pensé. No quería renunciar a la noche vienesa, aunque en mi cabeza sonaba “qué después de las cinco allí no hay nadie por las calles”. La primera noche ya me hallé en el bar Le Troquet en la calle Kirchengasse donde todo es chic à la française. Los abrigos los dejáis en el pasillo de los aseos, perfectamente ordenados en perchas. No pude evitar el síndrome de seguridad: ¿alguien roba estos abrigos, cuando están ahí? Claro que no, contesta un vienés con experiencia.

El día primero, la noche segunda

IMG_6335El sábado en el mercado abierto Naschmarkt en distrito Mariahilf, el único de su tipo en Viena. Paseo dando leves empujes entre turistas y gente local en busca de comida fina. Se encadenan los restaurantes de cocinas nacionales de todo el mundo, se mezclan olores y colores de comestibles que ofrecen los inmigrantes procedentes de Turquía. Al final del mercado una imagen familiar: las frutas y verduras domésticas en puestos ambulantes, la cestería y los productos de segunda mano, principalmente obras de arte y libros. Aquí no vais a encontrar zapatos usados (difícilmente el estándar austriaco puede dejar a alguien descalzo) pero os van a marear los colores de tantas figurinas, relojes, cuadros, de todo lo que se compra cuando hay de sobra. Majolika, zgrada Ota Vagnera pored gradske tržnice NahtmarkEl mercado mismo se encuentra en compañía de la famosa construcción del ilustre arquitecto secesionista, Otto Wagner, Mayolika, cuya decoración floral de rojo y verde recuerda a un dibujo de niños de la primavera. Al lado de ella, otro edificio menos conocido de Wagner, con adornos de oro y ornamentos vegetales. Las dos igualmente merecen las miradas que los dirigen los turistas buscando el mejor ángulo para sacar fotos.

Desde el mercado al centro todo esplendor real: Karslplatz, Ópera, Parlamento, Stefansdom, Stadt park, Rathaus, Palacio Belvedere… Mis ojos no están acostumbrados a tanta armonía ni mis orejas a la falta del ruido. La nobleza vienesa se puso a bailar el vals en el siglo XIX pero me parece que se puede bailar también en las calles, entre arboledas en Ring. Hasta el café vienes melange (Wiener melange), parecida a cappuccino cremoso, es suave y refinado. El sabor de Viena es elegante y equilibrado.

Cerca está la zona de Museos, Museums Quartier, espacio que reúne la creatividad de Viena de hoy. Ahí están los museos, escenario de teatro moderno, salas de exposiciones, cafés para reuniones de estudiantes de día noche. Un lugar perfecto para comenzar un sábado por la noche. El bar Schikaneder que al mismo tiempo es un cine experimental podría ser Museumsquartier pequeño. pogled na Muzejski kvartUn antro icónico con una larga historia de cultura de la vanguardia en el que bailar es sobrevalorado así que los chicos están sentados en sofás gastados mientras beben la cerveza o charlan bajo las luces tenues con el sonido eléctrico embriagador. Uno de esos lugares de cuya identidad aprendéis más en los aseos, mientras leéis mensajes y rótulos en las paredes. Su historia continúa por la línea de metro U6 hasta la calle Gürtel donde se encadenan los bares y quiscos con salchichas en las esquinas. Nos toca Chelsea, también un local icónico en el que antes tocaban las famosas bandas austriacas al principio de sus carreras (lo atestigua el mismo vienés) y ahora a todos les gustaría por lo menos echarle vistazo o charlas enfrente con el cigarrillo y cerveza en las manos. En cola para los servicios cuantas caras, tantas nacionalidades. Pues claro, Viena es una ciudad cosmopolita y de inmigrantes. Huésped de inteligencia y gastarbeiters. Aquí los serbios conseguían los diplomas desde el tiempo de la ilustración, y los que en las décadas anteriores consiguieron todo menos la educación hoy en día son a los que se agradece que turbo folk sea uno de los productos de serbia (sub)cultura contemporánea. Si queréis conocer la variante vienesa, iros a la calle Ottakringer Strasse, más famosa como Balkanstrasse donde están varios clubs de los países balcánicos a los que también pertenecen los turcos, según su clasificación.

El día segundo, la noche tercera

Los edificios en el centro de Viena crecieron como setas después de llover en los siglos XVIII y XIX. Todas igual de altas, de colores y estilos coordinados. Sin embargo, a lo largo del Canal de Danubio, la imagen algo diferente: unos rascacielos de cristal que encajaron con su elegancia en su entorno clásico. Lo mejor sería comprobarlo en el restaurante de la última, planta 18, de hotel Sofitel desde la cual se puede ver toda Viena. Aquí se toma melange de precio doble, porque pagáis la vista a la ciudad y al techo, que se refleja en las paredes de vidrio cuando anochece, pero también la música ligera, jarrones con flores, brillo de mármol y latón en el baño.

Hotel Sofitel i restoran Le Loft na poslednjem spratuUna tarde de domingo lluvioso no es el momento adecuado para dar un paseo, sino para vagar en busca de la comida. Los que olvidan de que todos los supermercados cierran los domingos, pueden buscar su salvamiento en las falaferías, restaurantes donde se prepara el falafel: bollo con albóndigas de garbanzo, a los que añadís salsas y ensaladas. La inmigración de Turquía alimenta la mayor parte de Viena, sobre todo después de la medianoche. Gracias a un vienés serbio llegamos a Rotensterngasse y local Shabu, un lugar auténtico según el tradicional concepto de hospitalidad austríaca heuriger bar restoran Shabudonde normalmente se sirven el vino y la cerveza y platos fríos para acompañar las bebidas. Aquí se juega al billar, se escucha música ligera, y el ambiente discreto aumenta el sabor de la cerveza y la comida.

La noche en Viena en realidad envejece más rápido que en otras metrópolis. Viena se quedó dormida antes de que domingo hubiera terminado. Pero lo tenía claro como de día que estuve en uno de los escenarios de la historia occidental y que la observaba desde la última fila de pie, estando en acecho en la multitud, esperando una oportunidad de conseguir un mejor asiento.

VIENA VS. BELGRADO

4.0.1Lo que tienen en común es el Danubio, el epíteto de la ciudad en la frontera entre Este y Oeste (aunque esa frontera cambiaba de un siglo al otro), y una pieza de secesión, el hotel Moscú de Belgrado cuyo diseño fue supervisado por el mismo Otto Wagner. La misma noche en Viena me encontré con un bar del nombre más raro IF DOGS RUN FREE, y el restaurante “Belgrado”, un lugar agradable lleno de calidez. Tras regresar de Viena descubrí que ni siquiera Belgrado puede sin dos “Vienas”.

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